lunes, 29 de junio de 2015

"LA METÁFORA VIVA"


Una revisión de la teorización sobre la metáfora en el tratado I de La metáfora viva de Paul Ricoeur

El libro La metáfora viva, publicado en 1975 y traducido al español en 1980 por Agustín Neira, realiza un abordaje fenomenológico de la metáfora con una metodología hermenéutica. Su itinerario especulativo, en palabras de su mismo autor, es el siguiente: “comienza en la retórica clásica, atraviesa la semiótica y la semántica y termina en la hermenéutica. 
El paso de una disciplina a otra sigue el de las unidades lingüísticas correspondientes: la palabra, la frase y el discurso” (Ricoeur, 1980: 11). 
El autor considera que desde Aristóteles se ha tomado a la palabra o nombre como unidad de base de la metáfora. Señala, además, que el estagirita sitúa su análisis en el cruce de la retórica y la poética. En cuanto a la retórica, se consideró a la metáfora como una figura del discurso consistente en un desplazamiento del sentido de la palabra. La retórica culminó, según Ricoeur, en la clasificación que tomó como criterio el tipo de desviación –o tropos– que se daba en la significación de las palabras. El autor habla de una “transición entre el nivel semántico y el hermenéutico”, que parte del abordaje del problema de la innovación semántica, la creación de una nueva pertinencia semántica. No avala la aproximación a este asunto desde una teoría de la sustitución, sino que retoma la idea de Aristóteles de que metaforizar es percibir la semejanza, se trata de un “ver como” (expresión tomada de Wittgenstein), percibir lo semejante dentro de lo desemejante.
 En el nivel hermenéutico, que corresponde al discurso, surge la problemática del sentido y la referencia del recurso metafórico. Luego, se centra en la condición de ficcionales de los discursos literarios, característica que deja abolida la posibilidad de una referencia externa a la literatura misma. Por esa razón, habla de una “referencia poética", que no sería sino una referencia de segundo grado. 
Ricoeur finaliza su introducción a La metáfora viva anticipándose a las posibles confusiones que se generarán respecto de la intención de su obra: “[La obra] no pretende reemplazar la retórica por la semántica ni refutar una por otra; quiere legitimar cada punto de vista dentro de los límites de la disciplina que le corresponde y fundar la concatenación sistemática de los puntos de vista sobre la progresión de la palabra a la frase y de esta al discurso” (Ricoeur, 1980: 15).
 Se puede concluir que Ricoeur hace un estudio epistemológico pormenorizado de la retórica como ciencia y, en menor medida, de la poética. Sus análisis buscan llegar a aclarar dos puntos: en primer lugar, en qué consiste la metáfora y, en segundo lugar, qué función poética y retórica posee esta. La definición de la metáfora es llevada a cabo por Ricoeur desde la plataforma aristotélica de manera exhaustiva, la explicación de la estructura de la misma (la transposición) también resulta satisfactoria y abre interesantes líneas de investigación, como lo es la de la metáfora como base de la transgresión categorial, a la vez que la de su misma generación. Uniendo los aportes de Ricoeur a los de autores de la teoría moderna de la metáfora es posible definir la metáfora como un fenómeno conceptual o proceso de pensamiento por el cual se comprenden dos entidades (representadas por palabras, pero comprendidas en discurso) como semejantes, razón por la cual se realiza la denominación de una de ellas con el nombre de la otra. La función eufemística principal de la metáfora es la de nombrar un objeto desagradable o los efectos desagradables de un objeto, sin generar incomodidad en los interlocutores.



PAUL RICOEUR


Paul Ricoeur 

(1913/02/27 - 2005/05/20)
















Nació el 27 de febrero de 1913 en Valence (Francia), pronto se quedó huérfano, y fue educado por sus abuelos protestantes. 

Catedrático en filosofía y doctor en Letras, fue profesor de instituto a partir de 1933. 

Movilizado en 1939 para la Segunda Guerra Mundial, Ricoeur fue hecho prisionero y estuvo detenido en Polonia y en Alemania durante cuatro años. A su vuelta a Francia, fue uno de los animadores de la revista 'Esprit', verdadera tribuna del existencialismo cristiano, y amigo de su responsable Enmanuel Mounier Decano de la facultad de letras de la universidad de Nanterre (1969-1970), Ricoeur fue el heredero espiritual de la fenomenología de Husserl y el existencialismo cristiano.

Sus primeros textos publicados trataban sobre la filosofía de Edmund Husserl, Heidegger, Jaspers y Marcel. En trabajos posteriores, como La Simbología del Mal(1960), desarrolló una teoría de la interpretación basada en la tradición secular y en el pensamiento religioso bíblico. Estudió el pensamiento católico existencialista de Gabriel Marcel e impartió clases en la Sorbona de París, en la Universidad de Nanterre (hasta
1970) y en la de Chicago (Estados Unidos), donde fue profesor emérito de Teología. 

La amplia variedad de temas y la profundidad con que éstos son tratados en sus ensayos ha impedido que se generara en torno a su figura el culto del que han disfrutado otros intelectuales franceses. Sus últimos trabajos tratan de dilucidar las consecuencias de 'doble hermenéutica' en campos de investigación, tales como el psicoanálisis -en 
Sobre la Interpretación. Ensayo sobre Freud (1965)-, la teoría de la metáfora, la historiografía, la ética -cabe destacar su reciente obra El yo como otro (1990)-, la teoría política, la filosofía de la mente y la epistemología. Quizás sus planteamientos más importantes se encuentren en los tres volúmenes de Tiempo y relato, publicados entre 1983 y 1985. 

En 2004 Ricoeur fue galardonado con el premio John W. Kluge, prestigiosa recompensa norteamericana en el campo de las ciencias humanas. Publicó su última obra 'L'Hermenéutique biblique' (la hermenéutica bíblica) en 2001. 

Militante socialista desde 1933 y profundamente cristiano, Paul Ricoeur, Gran premio de filosofía de la Academia francesa, fue padre de cinco hijos. 

Paul Ricoeur murió el 20 de mayo de 2005 a la edad de 92 años en su domicilio de Chatenay Malabry, en la región parisina. 

METÁFORA Y NUEVA RETÓRICA



METÁFORA Y 
NUEVA RETÓRICA

A A. J. Greimas

la semántica estructural sobre la que se apoya la nueva retórica

no es un simple desarrollo de la semántica expuesta anteriormente; procede de una revolución dentro de la revolución, que confiere a los postulados del saussurismo una pureza en cierto modo cristalina. 

  • En primer lugar, la definición del signo aparece liberada de todo lastre psicológico (imagen acústica,contenido mental) y sociológico (el tesoro social de la lengua inscrito en la memoria de cada individuo); la relación significante-significado se considera como una relación sui generis. 
  • En segundo lugar, todas las consecuencias derivan de la distinción saussuriana entre forma y sustancia (ya sea la sustancia sonora del significante o la sustancia psicosocial del significado): todas las operaciones que definiremos más adelante tienen lugar a nivel de la forma del lenguaje.
La argumentación, ya sea que se la llame retórica o dialéctica, siempre se propone persuadir o convencer al auditorio al que se dirige, del valor de las tesis para las que busca aprobación. Dado que el propósito de toda argumentación es ganar o reforzar la adhesión de un auditorio, debe preparársela teniendo en mente este auditorio. Inversamente a lo que sucede con la demostración, no puede ser concebida de manera impersonal. Por el contrario, es esencial que se adapte al auditorio para ser eficaz. En consecuencia, el orador −la persona que presenta un argumento oralmente o por escrito a un auditorio de oyentes o lectores− debe buscar construir su discurso argumentativo sobre tesis ya aceptadas por su  auditorio.
La retórica clásica estaba dirigida tradicionalmente a un auditorio compuesto por una multitud de oyentes generalmente no competentes, reunidos en una plaza pública; la argumentación, sin embargo, puede estar dirigida a auditorios altamente calificados, tales como miembros de una academia o alguna sociedad ilustrada. De esto resulta que la eficacia no es el único medio para juzgar el valor de un argumento, ya que este valor también depende de la calificación y competencia de los intelectos que se busca persuadir. Un argumento puede persuadir a un auditorio de personas menos informadas y no tener efecto alguno sobre un auditorio más crítico. Para Platón, la argumentación digna de un filósofo debía convencer a los mismos dioses.
Los argumentos eficaces pueden modificar las opiniones o las disposiciones de un auditorio. Un argumento que es débil porque no se adecua al auditorio, puede ser fuerte y eficaz cuando el auditorio ha sido modificado por un argumento anterior. Del mismo modo, un argumento que es ineficaz porque no es comprendido puede volverse pertinente una vez que el auditorio ha sido bien informado. La investigación acerca de la eficacia del discurso puede determinar el orden en el que los argumentos deben ser presentados. El mejor orden, sin embargo, con frecuencia será aquél que se ajusta a las expectativas, ya sea un orden cronológico, convencional o el orden seguido por un oponente cuya argumentación debe ser refutada punto por punto. 

METÁFORA Y SEMÁNTICA DEL DISCURSO


METÁFORA Y SEMÁNTICA
 DEL DISCURSO

A Cyrus Hamlin.

Las definiciones de Aristóteles y de Fontanier son nominales, en cuanto permiten identificar la metáfora entre los demás tropos; al limitarse a identificarla, se limitan también a clasificarla. En este sentido, la taxonomía propia de la tropología no supera el plano de la definición nominal. Pero, en cuanto la retórica investiga las causas generadoras, ya no estudia sólo la palabra, sino el discurso. Una teoría del enunciado metafórico será, pues, una teoría de la producción del sentido metafórico.
Adoptaremos, pues, en este estudio una concepción provisionalmente disyuntiva de las relaciones entre semiótica y semántica.

  • El debate entre semántica y semiótica

Dentro de las teorías de la metáfora que se relacionan más o menos con el linguistic analysis de la tradición inglesa, la teoría del discurso no ha sido obra de lingüistas sino de lógicos y epistemólogos , más preocupados de ordinario por la crítica literaria que por la lingüística de los lingüistas.
La distinción de estos dos tipos de relación regula la de forma y sentido: el análisis distribucional aisla segmentos formales, los «constitutivos», dentro del mismo nivel; la disociación en unidades de rango inferior da los «integrantes», que tienen una relación de sentido con las unidades de nivel superior. «Aquí está todo: la disociación nos revela la constitución formal; la integración, las unidades significantes ... ; la forma de una unidad lingüística se define como la capacidad de disociarse en elementos constitutivos de nivel inferior; el sentido de una unidad lingüística se define como su capacidad de integrar una unidad de nivel superior».
La fecundidad de esta distinción entre orden semiótico y orden semántico se reconoce en su capacidad para engendrar otras muchas distinciones, algunas hechas por el mismo Benveniste y otras percibidas sin orden sistemático por el linguistic analysis anglosajón, cuya independencia de la lingüística ya hemos señalado anteriormente. Esta unión entre la semántica filosófica y la semántica lingüística es muy importante.

  • Semántica y retórica de la metáfora

La teoría de la metáfora queda vinculada no a una semántica de la frase, sino a una nueva definición de la retórica.
I. A. Aichards toma su definición de la retórica de uno de los últimos grandes tratados del siglo XVIII, el del azobispo inglés Whately: la retórica es «una disciplina filosófica cuyo objeto es el dominio de las leyes fundamentales del uso del lenguaje»
Desde el principio, su crítica se centra en la distinción capital en la retórica clásica entre sentido propio y figurado, distinción que atribuye a la «superstición de la significación propia». Las palabras no tienen significación propia porque no tienen significación en propiedad; y no poseen ningún sentido en sí mismas, porque es el discurso, tomado como un todo, el que hace sentido de un modo indiviso. Por tanto el autor puede condenar la noción de sentido propio en virtud de una teoría contextua! del sentido, resumida en el «teorema contextual de la significación».

EL OCASO DE LA RETÓRICA: LA TROPOLOGÍA


EL OCASO DE LA RETÓRICA:
 LA TROPOLOGÍA

A Gérard Genette.


La línea directriz de este estudio queda trazada por el movimiento que va de la retórica a la semántica.

 El «modelo» retórico de la tropología

A partir de los griegos, la retórica se fue reduciendo progresivamente a la teoría de la elocución, por amputación de sus dos partes principales: la teoría de la argumentación y la de la composición. A su vez, la teoría de la elocución, o del estilo, quedó reducida a una clasificación
de figuras, y ésta a una teoría de los tropos; la misma tropología sólo prestó atención a la bina metáfora-metonimia, a costa de reducir la metonimia a la contigüidad y la metáfora a
la semejanza.
Esta explicación, que es también una crítica, quiere preparar el camino al proyecto de una nueva retórica que, ante todo, intentaría abrir ese espacio retórico que se ha ido progresivamente cerrando. En este sentido, el proyecto se vuelve contra la dictadura de la metáfora.
Podemos reconstruir de la siguiente manera esta serie de postulados, cuyo conjunto constituye el modelo implícito de la tropología:
  • Algunos nombres pertenecen en propiedad a determinadas clases (géneros y especies) de cosas; se puede llamar sentido propio al sentido de estos términos. En cambio, la metáfora y los demás tropos son sentidos impropios o figurados (postulado de 10 propio y de 10 impropio o figurado).
  • Ciertas cosas son designadas con un término impropio, por no emplear la palabra propia adecuada; esta ausencia de la palabra propia en el discurso concreto proviene de una elección de carácter estilístico o de una carencia real; en ambos casos, el recurso a un término impropio tiende a llenar una laguna semántica, o mejor dicho, lexical, en el mensaje concreto o en el código .

Metáfora forzosa y metáfora de invención

La distinción entre el carácter de figura y el de catácresis 'que tienen cada uno de los tropos. Fontanier concede tal importancia a esta distinción que llega a declarar que estos «principios sobre la catácresis sirven de fundamento a todo su sistema tropológico».
La diferencia radica, en primer lugar, en un hecho de lenguaje: ciertas ideas carecen de signos: «La catácresis, en general, consiste en que un signo ya aplicado a una primera idea, lo sea también a una nueva que no tenía o no tiene ya signo propio en la lengua. Es, por tanto, cualquier tropo de uso forzoso y necesario, del que resulta un sentido puramente extensivo; este sentido propio de origen secundario, situado entre el sentido propio primitivo y el figurado, está más cerca, por su naturaleza, del primero que del segundo, aunque, en un primer momento, haya podido ser figurado»

ENTRE RETORICA Y POETICA: ARISTOTELES


ENTRE RETÓRICA Y POÉTICA: ARISTÓTELES

A Vianney Décarie

1. Desdoblamiento de la retórica y la poética

La retórica de Aristóteles abarca tres campos: 
  • Teoría de la argumentación, que constituye su eje principal y que proporciona al mismo tiempo el nudo de su articulación con la lógica demostrativa y con la filosofía (esta teoría de la argumentación comprende por sí sola las dos terceras partes del tratado).
  • Teoría de la elocución.
  • Teoría de la composición del discurso
 Hubo retórica porque hubo elocuencia, elocuencia pública. La observación es de gran alcance: la palabra fue un arma destinada a influir en el pueblo, ante el tribunal, en la asamblea pública, también un arma para el elogio y el panegírico: un arma llamada
a dar la victoria en las luchas en que lo decisivo es el discurso.

2. El núcleo común de la poética y la retórica: “La epífora del nombre”
“La metáfora consiste en trasladar a una cosa un nombre que designa otra, en una traslación de género a especie, o de especie a género, o de especie a especie, o según una analogía’ (Aristóteles, Poética, 1457 b 6-9).
Características de esta definición: 
  • 1) la metáfora es algo que llega al nombre (y no al discurso)
  • 2) la metáfora se define en términos de movimiento: la epifora de una palabra. La palabra metáfora en Aristóteles se aplica a toda transposición de términos. 
  • 3) la metáfora es la transposición de un nombre que Aristóteles llama extraño (“allotrios”), es decir, “que… designa otra cosa”, “que pertenece a otra cosa”
3. El lugar “retórica” del lexis   
“El ‘cómo’ del discurso es distinto del `que’. Volviendo más tarde sobre esta distinción, Aristoteles opone la composición por medio de la lexis a las “cosas mismas”. El “aparecer” del discurso no es algo exterior a él, como lo es la simple pronunciatio y actio (…), que concierne únicamente a uso de la voz, como en la tragedia (la Poética distingue igualmente la lexis de la simple escenificación). 
  • El “aparecer” del discurso = estilo, lexis
  • Las “cosas” = contenido

De ahí la definición del lexis
“La lexis sería, más bien, una especie de manifestación del pensamiento, unida a todo proyecto de instrucción (didaskalia): “en la demostración (pros to dêlôsai), hay cierta diferencia entre exponer de una manera o de otra” 


Las definiciones en educación


LAS DEFINICIONES EN EDUCACIÓN

ISRAEL SCHEFFLER

“Puede caracterizarse a la enseñanza” escribe Israel Scheffler, “como una actividad cuyo propósito es lograr el aprendizaje; se la practica de tal manera que se respete la integridad intelectual del estudiante y su capacidad de hacer juicios independientes”.

¿Cómo se relacionan los términos cognoscitivos conocer y creer con los términos educativos aprender y enseñar? La cuestión no es tan simple como puede parecer a primera vista, y al considerarla en esta sección introduciremos algunos puntos de importancia en el curso de nuestras discusiones. 
Como resultado de la consideración de ciertos casos simples, podríamos suponer que aprender que implica conocer o saber que. Si por ejemplo un estudiante ha aprendido que Boston es la capital de Massachusetts, diríamos normalmente que ha llegado a conocer que Boston es la capital de Massachusetts. Sin embargo, no podemos generalizar, a partir de estos casos, que siempre que una persona X haya aprendido que Q, ha llegado a conocer que Q.
¿Cuál es el objeto de la enseñanza? ¿Qué intenta o se empeña en lograr una persona comprometida en la enseñanza? Obviamente, una cantidad apropiada de aprendizaje. En el caso particular de enseñar que del que nos habíamos ocupado hasta ahora, una persona X que le enseña a Y que Q, se empeña en lograr que Y aprenda que Q. Como hemos visto, esto implica que Y llegue a aceptar “Q” o a creer que Q. Si X ha tenido éxito al enseñar a Y que Q, entonces Y ha aprendido efectivamente que Q, ha llegado a creer que Q.
En suma, hemos relacionado las ideas educativas del aprendizaje y de la enseñanza con las ideas cognoscitivas de conocimiento y creencia, de la siguiente manera: aprender que Q implica llegar a creer que Q. 

Los maestros muchas veces han supuesto que aparte del efecto que pueda tener sobre los estudiantes, su acción de enseñar de l a maner aque lo hacen corrientemente posee un valor intrínseco y por lo tanto se justifica sí misma. En lugar de mejorar la calidad de la enseñanza que imparten, mediante un esfuerzo deliberado tienden por ello a negar la posibilidad de mejoras, siempre que enseñen del mismo modo que lo han venido haciendo.

Si deseamos ayudar a estos maestros la perdida estima, difícilmente repetiremos el antiguo lema, una vez cambiadas las condiciones. Queremos decir en cambio: “No se sientan culpables, abandonen sus aspiraciones a la omnipotencia, dejen de prestar tanta atención a los problemas y motivaciones interiores de sus alumnos y hagan lo mejor que puedan al enseñar su materia y examinar a sus alumnos. Una vez que hayan cumplido de esta manera pueden descansar y sentirse en paz con sus conciencias”