Lenguaje, ideología y poder
María Bethencourt
Emanuele Amodio
1. Lenguaje
y vida cotidiana
1.1 La
vida cotidiana como realidad construida e interpretada
La
realidad es aprehendida por los individuos en su vida cotidiana a través de los
hechos que experimentan diariamente de manera tangible y evidente. Así para las
personas, los procesos que viven habitualmente durante sus momentos de vigilia
constituyen lo que podemos llamar su realidad sensible: sus actividades
diarias.
Estos
acontecimientos de la vida cotidiana los convertimos en rutinas ordenadas y automáticas.
Por lo que se puede concluir que la vida cotidiana, se nos presenta de algún modo
ya construido.
Entonces
podemos decir que la vida cotidiana es una realidad construida e interpretada
de antemano, ya que los seres humanos poseemos la facultad para significar
todos los acontecimientos y las cosas que nos rodean.
1.2 El lenguaje en la comprensión y aprehensión de
la estructura de la vida cotidiana
La
realidad de la vida cotidiana la podemos descomponer en áreas o dimensiones.
a. La dimensión simbólica
No todo lo que acontece en la vida cotidiana
podemos interpretarlo fácilmente y de manera automática. Por lo general, las
situaciones que causan una mayor zozobra física y psicológica, en individuos o
grupos ameritan un esfuerzo de interpretación y de acumulación de información que
no siempre está disponible de manera inmediata.
b. La dimensión de los otros
Los otros constituyen una presencia
ineludible en el contexto de la vida cotidiana. Sabemos que las personas que
nos rodean están dotadas de una conciencia similar al de nosotros, lo que nos
permiten entendernos mutuamente y desarrollar los planes en conjunto.
De cualquier modo, tanto para los otros
cercanos como para los otros lejanos, cualquier acto comunicativo implica
siempre un conjunto que produce un mensaje y un interlocutor que lo recibe.
Por lo tanto, podemos concluir que las categorías
y tipificaciones sociales simbolizan con palabras el conocimiento y la representación
que nos hacemos de los otros, así como la relación que hemos de construir como
consecuencia de ese saber.
c. La dimensión espacial y material
No podemos olvidar que en toda sociedad
pueden existir grupos sociales que se sienten discriminados de alguna manera
por las colectividades dominantes del territorio, es decir, no poseen ni los
mismos derechos de los otros ni las mismas oportunidades para su desarrollo
personal y grupal.
El territorio y los espacios de la vida
cotidiana son objetivados por los grupos sociales mediante el lenguaje característico
de cada uno. A parte del lenguaje verbal y del lenguaje icónico, que posibilita
nombrar e identificar lugares y cosas, los significados profundos de las cosas
y los significados profundos de los lugares podemos aprehenderlos también a
partir de sus formas, volúmenes, dimensiones y repartición, siendo tales
aspectos definidos por el tipo de universo simbólico producido por un grupo.
d. La dimensión temporal
Las actividades humanas de la vida cotidiana
transcurren en el tiempo, así como nuestro ser y las interacciones entre las
personas.
Algunos de los fenómenos de la naturaleza le
indican a los seres humanos que sus vidas transcurren saltando de un momento a
otro.
El comportamiento biológico de los cuerpos
humanos, ayuda también a la toma de conciencia de ese devenir temporal.
Así, las prácticas sociales y culturales presentes y pasadas recrean
los significados temporales de una determinada sociedad.

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